Kiko: “Don Ramón se fue y se acabó El Chavo”

Chavo del 8 comenzó como un sketch de 10 minutos en el Canal 8 de Televisión Independiente de México (de ahí el nombre), y en sus inicios sólo tenía cuatro personajes: La Chilindrina, Don Ramón, Kiko y El Chavo. Luego se sumaron el Señor Barriga, el profesor Jirafales, la Bruja del 71, doña Florinda, Popis, Godines y Ñoño.

El actor mexicano de 72 años llegó a Buenos Aires para apadrinar al Circo Rodas, del empresario Jorge Ribeiro Soares que por estos días y hasta fin de agosto se presenta en el Walmart de Autopista Buenos Aires-La Plata.

“Yo era más compinche con Don Ramón. Nosotros éramos los sencillos del grupo, los que sí dábamos autógrafos, los que sí nos llevábamos con la gente. Los demás eran un poquito naricitas paradas”, desliza con ironía el actor que inmortalizó al cuate de cachetes inflados, el traje de marinerito y los ojos abiertos como huevos fritos.

“Don Ramón era el eje del programa. Poco después de mi partida, él también se alejó por solidaridad conmigo. Doña Florinda se quedó sin tener a quien pegarle, la Bruja del 71 se quedó sin motivo de vivir. El Señor Barriga se quedó sin tener a quien reclamar el pago de la deuda. La Chilindrina se quedó sin papá, el Chavo sin su protector y el profesor Jirafales sin interlocutor para discutir. Al irse Don Ramón se acabó el programa. Era buenísimo don Ramón, hacía que se lucieran todos los demás personajes”, afirma.

También se refirió al secreto de los cachetes: “Es puro aire (dice con voz de Kiko, inflando los cachetes). Lo tengo atrapado con la lengua, a la altura de las muelas. La prueba está en que no puedo pronunciar la letra ele, no puedo decir Lola, por ejemplo. Si uno dice Lola lanza la lengua al paladar. No se puede decirlo con la lengua baja. Entonces decía Doda. La ele era la única letra que Kiko no podía pronunciar”.

Consultado sobre su capítulo predilecto, Villagrán hace hincapié en uno que le gustó especialmente, porque según asegura, le pareció el más idiota de todos. “Imagínate la escena. Abre la toma y se ve la vecindad vacía. A lo lejos entra el Chavo de la calle, y empieza a gritar “¡Kiko, Kiko!”, y se va al segundo patio. Kiko supuestamente lo oye, baja de la escalera, y grita “¡Chavo, Chavo!”, y se va para la calle. Supuestamente lo oye el Chavo, y sale del segundo patio y grita “¡Kiko, Kiko!”, y se va por la escalera. Y luego entra Kiko y así, continúan media hora como imbéciles, sin decir un chiste, y la gente atacada de risa.

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