Ser o no ser cunumi, es la discusión en las redes

Casi 40.000 usuarios le han dado ‘me gusta’ a la página de Facebook #Esdecunumi, a pocos días de creada, y otro tanto se ha sumado al fenómeno (por el momento local) generado por este espacio virtual que, según sus creadores, tiene por objetivo “hacer una sátira de nosotros mismos y una autocrítica, de manera humorística, de cómo nos vemos”.

Los administradores de la página, tal vez, no imaginaban la cantidad de seguidores que iba a tener su idea, ni mucho menos que, a partir de lo que ellos consideran que ‘es de cunumi’ (tomarse selfis en el baño, comer en el micro, comprar una botella de fernet entre 10, sacarse fotos frente a la guitarra de Hard Rock, tener celular marca Samsumg, etc.) se iba a generar una serie de debates, especialmente a través de las redes sociales, sobre si esas situaciones o actitudes merecen ser denominadas cunumis.

Entre las reacciones en contra están la de los usuarios que apoyan la etiqueta #YoSoyCunumi y que reniegan sobre el uso negativo que se le está dando al término, pues consideran que se trata de un acto de racismo y de discriminación.

Acepciones
Más allá del sentido satírico con el que nació la página y de las reacciones en contra que han encontrado, la polémica está motivando a debatir sobre el origen y los usos de la palabra cunumi.

El Diccionario Enciclopédico Cruceño, de Germán Coimbra Sanz, define la palabra cunumi de la siguiente manera: “(Del guarayo y chiriguano Cunu= cosa tierna, mi= diminutivo, muchacho) Esta palabra que en los grupos étnicos nombrados significa niño o muchacho, en el resto del departamento es una expresión ofensiva con que se trata de disminuir la categoría racial de una persona. Ej.: Es abogado, pero no es más que un cunumi.

El investigador Carlos Cirbián Barros se apoya en esta acepción y asegura que cunumi era el muchacho que habitaba en la casa de la clase acomodada, que, generalmente, era el hijo de la sirvienta y al que se le encargaban los mandados. “Era como el mensajero, el chico adiestrado que cumplía ese rol en los hogares. Pero esa figura como tal no existe más”, dice Cirbián.

El artista plástico asegura que la palabra siempre tuvo connotación racista y añade que los ejemplos actuales tienen ese mismo sentido discriminatorio, aunque ya no con la misma carga de antaño. “Sigue siendo común ese uso, pero ya no como antes, cuando había gente que se ofendía en serio si la llamaban cunumi”.

Por su parte, el investigador Héctor Molina descarta el sentido peyorativo del término en estos tiempos y se refiere a El habla popular de Santa Cruz, de Hernando Sanabria Fernández, en el que su autor señala como cunumi a la “mujer o el hombre joven de procedencia modesta”. “El mismo concepto que nuestros abuelos tenían de camba ya no es el mismo de la actualidad.

Antes era ofensivo. Ahora, tanto camba como cunumi se ha asumido como parte de la identidad regional, los pueblos maduran en su conocimiento y esta es una muestra de ello”, puntualizó Molina

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